Descubrir la verdad 1 parte

Deseaba verla con otro hombre.

Siempre lo tenía metido en la cabeza, me la follaba y pensaba que era otro el que se la estaba metiendo.

Así empezó mi obsesión por verla follar con terceros, cada día me ponía más y más.

Me llamo Julio tengo en la actualidad 40 años, soy un tipo deportista, 180 musculado, me cuido mucho, no soy feo y mi polla es de lo más normal creo que en la media.

Mi mujer Mirian, deportista profesional competidora, un cuerpo de infarto, pelo liso morena-castaña (alguna vez se lo tiñó de pelirroja), tetas preciosas no muy grandes pero muy firmes y sobre todo pezones brutalmente sensibles, piel de seda, unos pies perfectos, unas piernas ligeramente musculadas con formas de diosa griega, muy guapa de cara y sobre todo su culo, simplemente perfecto.

A sus 26 años, no conozco aun ningún tío que la mire y no vea en sus ojos la cara de deseo por ella.

Nos conocimos hace dos años, evidentemente en el gimnasio donde entrenábamos los dos, entre charlas y charlas acabamos quedando un día y a la semana ya estábamos viviendo juntos. Soy muy activo sexualmente y me considero buen amante, pero mi mujer es un volcán en constante erupción, en cuanto la toco el cuello, la paso la mano por el culo, ya me busca la boca y me mete mano con ganas de guerra.

Follábamos como posesos todos los días, pero pasando el tiempo empecé a pensar que ella necesitaba más de un hombre y empezamos con los juguetes.

Pollas vibradores y plugs fueron nuestros preferidos.

Y así poco a poco fuimos escalando en nuestras fantasías hasta hablar claramente de ello.

Ella siempre fue muy sumisa conmigo, yo llevaba siempre las riendas en nuestra relación y en la cama más aun, así que acabo cediendo cuando la propuse buscar otro tío para que se la follara junto a mí. Lo único que me pidió es que fuera yo el que eligiese que ella no quería saber nada hasta llegar el momento de hacerlo.

Me lo puso a huevo, así que me sumergí en mis más sucios deseos y pensé que era lo que más morbo me daba.

Lo tuve claro, siendo tan preciosa y estando tan buena quería verla con un tipo mas maduro que yo, sin importarme su físico ni su raza, pero sí que fuese algo dominante con ella y sobre todo que tuviera un buen rabo.

Publiqué un anuncio y entre en chats de cornudos para buscar al candidato. En el proceso de búsqueda y hablando con unos y con otros, pensé mas allá de mi deseo de verla follar con otro y decidí que no iba a ser una noche, ya que algo podría fallar por nervios o cualquier otra circunstancia. Sería un fin de semana completo compartiendo no solo la noche si no también el día.

Para poder gozar esta nueva situación que se me había ocurrido era evidente que, por si acaso, nos desplazaríamos fuera de nuestro entorno habitual para evitar situaciones tensas con posibles casualidades con conocidos y amigos.

Decidí que viajáramos fuera de Madrid a un lugar donde nosotros y el invitado no tuviésemos problemas de arraigo.

Una vez hablado con mi mujer, mi nueva vuelta de tuerca a mi fantasía (suya también, aunque se hacia la dura), me puse de lleno a la busca y captura.

Tras dos semanas de filtrado y conversación con varios de los elegidos, me decidí por un tipo de 58 años que vivía en Zaragoza, divorciado con hijos ya mayores, un tipo grande con bastante barriga, aspecto muy rudo, trabajaba como comercial de maquinaria agrícola, bastante culto y educado y según el con experiencia en ¨jugar con casadas jovencitas dándoles cosas que sus maridos no pueden o no saben¨.

Su seguridad al hablarme de la cuestión y su total disponibilidad a viajar sin ningún problema donde fuese hicieron que me decantara por el en principio.

Le comenté a mi mujer que ya casi tenía decidido el invitado y que si me daba el ok ponía en marcha todo mi plan.

Mirian fue contundente:

–        Yo soy tuya mi amor, y como ya te dije, si es lo que quieres lo haré por ti hazlo cuando quieras y con quien quieras, si tu lo vas a gozar yo con verte gozar a ti también lo haré.

No quedaba ninguna duda. A al día siguiente contacté con mi nuevo amigo, le envié unas fotos muy sugerentes de mi mujer y le dije que nos veríamos en Barcelona ese mismo fin de semana. Nosotros llegaríamos el viernes tarde al hotel y nos volveríamos a Madrid el Domingo noche.

El me contesto que no se creía que fuese aun en serio y que me garantizaba que si mi mujer estaba así de buena y era tan caliente como le decía, me iba a enseñar cosas que yo no sabía de ella.

Cierto es que hasta la fecha me había hablado de que tenía una buena polla, pero aún no se la había visto, así que me envió un video con mi mujer de salvapantallas del ordenador y comprobé que eso si era un rabo y no lo mío.

Tenía claro que había acertado, ya solo quedaba comprobar si en realidad me enseñaría cosas que yo desconocía de mi mujer.

En la conversación hablamos de cómo íbamos a rematar el acto y me dijo que si queríamos gozar de verdad lo mejor sería que días antes nos hiciéramos analítica de venéreas y sida para poder follar sin ningún miedo ya que sabía que mi mujer tomaba píldora y enseñárnoslas mutuamente. Me pareció una idea excelente y que nos dejaría a todos mas tranquilos.

El jueves noche ya no pegue ojo pensando en lo que pasaría al día siguiente, el morbo que me daba me excitaba, me hacía dudar, me hacía tener miedo para a la vez lo estaba deseando.

No follamos en toda la semana mi mujer también estaba nerviosa, ya que yo no la decía nada, pero me conoce y sabia que no la follaba adrede para que estuviese mas caliente el fin de semana.

Nos levantamos el viernes, hablamos poco, teníamos una calma tensa. Atendimos unos cuantos asuntos personales y cogimos el avión y aterrizamos en Barcelona, no hablamos nada del tema, como si fuese un finde normal.

Llegamos al hotel a las 19 horas, subimos a nuestra habitación y cuando estamos deshaciendo equipaje me sonó el wasap del teléfono:

– ¨Soy José Manuel, ya estoy en Barcelona, voy para el hotel, la mía es la 303 al lado de la vuestra en cuanto llegue te pego un toque¨

Le enseñé el mensaje a mi mujer. Se puso nerviosa, algo tensa, yo también estaba nervioso

Me daba un poco de vértigo la situación, estaba llevando a mi mujer a pasar un fin de semana con un desconocido que se la iba a follar con un rabo enorme y que me daba algo de miedo lo que me decía de que me iba a enseñar como era mi mujer de verdad. Algo en mi interior de decía que José Manuel tenía razón. Me daba la espina que mi mujer, como ya había pensado mas de una vez, necesitaba más en el sexo.

A las 20 horas sonó de nuevo mi wasap:

–        estoy en mi habitación, nos vemos?

Le dije a Mirian que íbamos a verle, ella me dijo ves tu solo, yo me doy un baño relajante y ya le conozco cuando vayamos a cenar.

Me dejo un poco chafado, pero la hice caso. Sali de mi habitación y toque la puerta 303, ¨voy¨ me dijo y abrió José Manuel. Un poco más alto que yo, trajeado con cara de tipo duro pero muy amable, grandote de tamaño, con barriga unas manos más grandes que las mías, bien perfumado.

–        ¨ ¿Dónde está el bomboncito? Me pregunto.

–        Está dándose un baño, está nerviosa, pero no te preocupes, vamos para adelante.

–        ¿Me gustaría comentarte un par de cosillas antes de que metamos la pata que te parece?

–        Si dime sin problema, me parece bien.

–        Veras quiero saber cual es tu limite de aguantar, te lo digo por que como te dije me gusta dominar a las mujeres y veras que poco a poco voy subiendo el listón hasta hacerme totalmente con ellas y me gustaría que antes de empezar tengas claro, que voy a hacer con ella y ella va a hacer conmigo cosas que no ha hecho contigo y eso te puede joder o crearos algún problema en la pareja y eso es algo que no quiero bajo ningún concepto.

Ahora si que me estaba acojonando un poco, su seguridad y rotundidad me dejaba sorprendido. A la vez me invadía la curiosidad y sobre todo el morbo de pensar que esto estuviese aun por encima de mis fantasías.

–        José Manuel sin problema, me estas sorprendiendo con tu seguridad, pero no te preocupes, tu como si yo fuese tu colega en lugar del marido de Mirian.

–        ¿Fenomenal, pues nos vemos a las 21 en el restaurante? No me l vistas con pantalones por favor que baje con algún vestido de esos largos, si puede ser.

–        A las 21 te vemos, y en vestido, no hay problema.

Me fui para mi habitación, mi mujer ya había salido de la bañera, estaba repasándose todo con la depiladora, no tiene un solo pelo en todo el cuerpo, me pregunto:

–        ¿Qué tal, has acertado con tu amigo?

–        Muy bien si, espero que te dejes llevar y así gocemos al máximo, tienes que ser buena chica con él, él va a ser quien mande esta noche sobre ti.

–        ¿qué le has dicho, que me va el rollo de sumisa y eso?

–        ¿Claro, porque lo eres no? Aunque solo sea en temas sexuales.

–        –Joder Julio me mola el rollo, pero a este tío no le conozco de nada y no se…

–        Tu tranquila, déjate llevar si algo te mosquea mucho lo dices y punto, que esto la hacemos para gozar no para estar puteados.

–        Ok si algo no me mola os lo digo y punto.



Así quedo la cosa, le dije que se pusiera un vestido largo que tiene verde con estampados tipo selva que me encanta se la marca el culo con la caída que es la ostia, unas sandalias negras preciosas, las uñas de manos y pies se hizo francesa, un tanga verde oscuro con encaja a juego con el sujetador de media copa de eses que dicen invisibles.

Se aliso en pelo un poco se perfumo y bajamos para el restaurante.

Bajamos en el ascensor, cruzamos el hall, era un espectáculo como la miraban tanto tíos como tías, con las sandalias de tacón era brutal el porte que llevaba tal alta tan estilizada, tan buena.

Entramos al restaurante, José Manuel de frente en la barra, su cara era un poema, se quedo de piedra. Me juego que pensó: ¨madre mía el pibón que me voy a follar¨.

Se levanto, se había cambiado de ropa iba mas sport con unos pantalones chinos y un polo por fuera con americana, no pude no fijarme en el paquetón que le hacían los pantalones y se que mi mujer seguro que también se fijaría. Se acercó a mi mujer la tomo de la mano y acercando su mejilla a la de mi mujer dijo:

–        Hola Mirian por fin te conozco en carne y hueso, superas todas mis expectativas eres la mejor hembra que he visto en mi vida.

La dio dos besos en la mejilla, pero casi en la comisura de los labios, mi mujer de poso roja como un tomate sin saber como reaccionar, yo me quede sorprendido por lo de hembra, la forma de mirarla con tanto descaro y tan agudamente.

Sin soltarla la mano me dijo: ¨ ¿Julio, nos sentamos? ¨

Y nos dirigimos a la mesa que teníamos reservada al fondo del restaurante en un rincón con un pequeño biombo que nos daba más intimidad.

El restaurante estaba lleno, y en la presentación noté como mas de uno que no quitaba ojo a mi mujer se dio cuenta de algo raro.

Empezamos a hablar de todo un poco, José Manuel manejaba la situación de manera cada vez se hacia la cena más amena, que si la independía, que si el gobierno que si la vida en general, etc.

Con dos botellas de vino que nos habíamos bebido (Nosotros no solemos beber alcohol habitualmente) tanto Mirian como yo, ya estábamos relajados en confianza con José Manuel, risas y adulaciones hacia mi mujer, piropos constantes.

Pedimos los postres, nada mas irse el camarero, José Manuel le dijo a mi mujer:

–        Ven Mirian siéntate a mi lado.

Señalando a su izquierda, pegada más al biombo, desde ahí nadie podría verla.

Mirian me miró como pidiendo permiso a lo que yo asentí. Se levanto y a la que iba a sentarse pasando pegada a él por delate José Manuel se levantó y la dijo:

–        Quieta, espera

La miro a los ojos, mi mujer le miro cabizbaja, la cogió con la mano derecha del cuello lateralmente tocándola la oreja con el dedo gordo y con la otra mano la agarro el culo, y la beso. Mi mujer primero se quedó bloqueada pero rápido abrió la boca y dejo que la lengua de José Manuel la invadiera.

Fue un beso sucio, la metía la lengua hasta el fondo mientras la agarraba fuerte la cacha del culo y la cogía firmemente del cuello.

Yo me empalme como nunca, me dolía de lo dura que se me había puesto, allí mi mujer preciosa con un tío de 58 años, la edad de su padre, morreándola como un cerdo y metiéndola mano con ansia y ella con las manos en su pecho, como no queriendo, pero abriendo la boca y moviendo la cabeza para que no se escapara esa lengua grande de su boca.

Me pareció eterno el morreo, la sentó, el de pie la dijo:

–        Mira cómo me las puesto solo con un morreo, me ha dado cuenta cuando entrabais al restaurante como me mirabas el paquete, y he sabido que eras una buena zorra y que vas a aguantar el tirón de un macho de verdad.

Mirian no dijo nada, solo le miro el pedazo de bulto que le marcaba perfectamente hacia un lado, se veía algo brutal, le volvió a mirar a los ojos, me miro a mí, volvió a mirar a José Manuel y se mordió el labio mientras volvía la mirada al bulto.

Llego el camarero, un segundo de calma mientras nos ponían los postres en la mesa.

Al marcharse el camarero, la dijo:

–        ¨Ponte de pie delante mío¨

Echo la silla para atrás y estando sentado, mi mujer de pie, metió la mano por debajo del vestido, la saco el tanga y me lo dio. La empezó a sobar los muslos y tocarla el culo, mi mujer ya estaba en trance, solo respiraba profundamente y se dejaba hacer.

–        ¨Abre las piernas¨

El sobo a capricho sin llegar a su vagina ni su ano, le quería tener en el clímax máximo,

De pronto mi mujer dio un respingo, la acababa de agarrar la vulva como de pellizco ¡, empezó a movérsela agarrada de manera fuerte y rápida, se le doblaron las piernas, no pudo más y se corrió derramando flujo por sus muslos y mojado las dos manos de José Manuel.

genesis48madrid

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