María, esposa, esclava y puta

Son las 9:00 de la mañana, como todos los días cuando llego a la oficina, me desnudo completamente y entro en el despacho del Sr. Vidal, mi jefe. Veo que no ha llegado todavía, así que me voy a mi mesa y comienzo con mi tareas como su secretaria, si Él hubiese estado en su despacho tendría la obligación de hacerle una mamada antes de comenzar el trabajo. Como estoy segura de que casi nadie entenderá por que trabajo en estas condiciones, explicaré cual fue el inicio.

Primero me presentaré, soy María, tengo 35 años y trabajo para el Sr. Vidal desde hace diez. Estoy casada con Miguel, quien conoce perfectamente lo que sucede en mi trabajo desde el principio. Miguel, un par de años mayor que yo, ha sido mi primer y único novio desde nos conocimos hace 20 años.

Llevábamos tres años casados cuando empecé a trabajar como secretaria para en Sr. Vidal, que lleva la representación comercial de una empresa Francesa en la Comunidad de Madrid con la delegación española en Barcelona y no, en esa época mi trabajo le realizaba perfectamente vestida y sin ningún contacto físico con el Sr. Vidal, era un trabajo como el de cualquier otra secretaria, un horario de nueve de la mañana a tres de la tarde, un sueldo mejor de lo que solían pagar en otras empresas y mis cometidos eran llevar su agenda, coger el teléfono y mantener el archivo en orden, el resto del trabajo, como contabilidad y facturación, incluso atención al cliente, se gestionaba desde la central.

El Sr. Vidal, es diez años mayor que Miguel y nunca sentí que se comportase como un jefe, parecía más mi compañero, en esa época le llamaba por su nombre de pila, Jorge, por que no le gustaba que le llamase de usted, siempre me trató con mucho respeto, incluso en alguna ocasión que llegué a trabajar después de una noche de juerga sin haber podido pasar por casa y con una ropa demasiado provocativa, nunca me hizo sentir incómoda con sus miradas o algún comentario inadecuado. Con el tiempo fui adquiriendo mayores responsabilidades junto con varios aumentos de sueldo al subir de categoría laboral, pero todo seguía exactamente igual que al principio hasta que hace tres años, en un local liberal al que había ido con mi marido, me di de bruces con Jorge estando completamente desnuda.

Debo aclarar que Miguel y yo hemos disfrutado del sexo sin tabúes ni complejos casi desde el principio de nuestra relación, nunca nos hemos ocultado nuestros deseos ni nuestras fantasías y durante nuestro matrimonio intentamos cumplir muchas de ellas. Siempre nos ha encantado ver porno juntos y coger ideas para nuestros juegos, entre ellas nos dimos cuenta que las de carácter fetichista y sadomaso, que inicialmente eran muy suaves, solían por ser más placenteras hasta que nuestras relaciones sexuales terminaron por desarrollarse al 100% como Amo y esclava, pero sin apenas castigos físicos salvo azotarme las nalgas mientras me penetraba, sin saber muy bien cuando ni por que, mi sumisión se fue extendiendo a otros ámbitos de nuestro matrimonio como parte de nuestro juego sexual, entre otras cosas tuve que acostumbrarme a estar siempre desnuda en casa, le gustaba que fuese con falda y sin bragas siempre que salíamos a juntos, algo que ocasionalmente también me ordenaba que hiciese yendo yo sola ó con mis amigas, si quería avergonzarme un poco más me obligaba a masturbarme en lugares públicos mientras habábamos por teléfono, normalmente los servicios de los bares ó los probadores de los grandes almacenes.

Cuando coincidimos con Jorge en el local liberal, hacia más de cuatro años que, por propia voluntad, me había sometido sexualmente a Miguel realizando cualquier acto sexual que me ordenase y unos tres que acudíamos a esos locales por que Miguel disfrutaba exhibiéndome en público. Durante varios meses, todo lo que hacíamos era mostrarme desnuda y servirle sexualmente a la vista de quienes estuviesen cerca, casi siempre masturbándole o realizándole una mamada, pero había otras ocasiones en las que lo que deseaba era que me viesen masturbarme. En este punto de nuestra relación, ya tenía mi libido en tal estado que el sexo era un deseo constante, tenía mi coño siempre húmedo y cada vez me gustaba más que Miguel me humillase y degradase con sus insultos por haber aceptado convertirme públicamente en su esclava, lo cual ya le había reconocido en alguna ocasión, pero el día en que, yendo de camino hacia uno de estos locales, me dijo que estaba sopesando la posibilidad de entregarme a otros hombre para que me follasen, mi única reacción fue responderle que haría lo que ordenase mientras sentía palpitar a mi clítoris endureciéndose por la excitación, esa fue la primera vez que realmente fui consciente de lo mucho que me gustaba sentirme como un objeto.

Miguel tardó un par de meses en entregarme a otro para verle follarme, yo me sentí sucia y humillada permitiendo que un desconocido estuviese besándome, manoseándome y penetrándome frente a mi marido por que Él me la había ordenado, pero al mismo tiempo sentí un placer inmenso. Para la segunda vez que Miguel me entregó a otro ya habían pasado dos meses más y yo volví a disfrutar como en la vez anterior, pero en esta ocasión, ese sentimiento de humillación lo viví como algo excitante y antes de que Miguel me entregase por tercera vez me confesó que verme follar con otro hombre era lo más excitante que había vivido, así que en poco tiempo, lo habitual era que nada más entrar al local me desnudase manteniendo puestos los zapatos de tacón y a veces unas medias con liga, así debía ir a la barra a pedir las copas mientras Miguel observaba con placer como los hombres se acercaban intentando ligar conmigo, muchos con las manos demasiado largas tocándome el culo o las tetas y yo tenía prohibido rechazar o evitar sus toques, por muy atrevidos que fuesen. Mientras nos tomábamos esa primera copa le gustaba masturbarme, sin permitir que me corriese, preguntándome si prefería que me entregase a algún hombre en concreto, casi siempre le respondía que me daba igual a quien lo hiciese por que Él era mi dueño. Entonces me hacía ir a por la segunda copa e invitar a nuestra mesa a quien Miguel hubiese elegido, una vez con nosotros Miguel le explicaba cual era nuestro juego y me ofrecía para que me follase en su presencia, algo que tan solo una vez rechazaron.

El encuentro con Jorge fue durante la inauguración de un nuevo local, la verdad es que estaba muy bien montado y con mucho público, como era habitual nos dirigimos a una mesa, me desnudé y fui a pedir las copas, mientras esperaba en la barra se me insinuaron varios hombres, con magreos incluidos que evidentemente aceptaba sin protestar. Había tanta gente que estuve esperando en la barra casi diez minutos y claro, si me tocaban y yo no ponía pegas, se animaban tocándome cada vez con menos recato. Durante la espera estuve hablando con el hombre que estaba a mi derecha, según me dijo se llamaba Luis, y cuando por fin me dieron las copas ya hacía rato que había metido su mano entre mis piernas y trabajaba en mi clítoris con bastante pericia haciendo que el flujo de mi coño chorrease por mis muslos, algo que evidentemente le encantaba.

Cogí las copas y educadamente le dije que tenía que volver con mi marido, pero que a lo mejor podíamos vernos más tarde, le di dos besos y me dirigí a nuestra mesa, tenía claro que en esta ocasión a Miguel le habría sido difícil ver que había pasado, así que se lo tendría que contar yo, lo que no habría imaginado es que encontrarme con Jorge, mi jefe, al darme la vuelta y no se quien se quedó más sorprendido y descolocado si yo por el temor a que esto pudiese afectar a mi trabajo ó Él por ver a su secretaria en pelotas en un local liberal lleno de gente, eso si no se había dado cuenta de lo sucedido con el tal Luis. Ambos intentamos mostrar naturalidad a pesar de la sorpresa, nos dimos dos besos y no pude más que invitarle a nuestra mesa para que saludase a Miguel, quien se quedó casi tan sorprendido como yo cuando me vio llegar acompañada por mi jefe.

Se dieron la mano comentando la casualidad de habernos encontrado allí y nos sentamos, yo lo hice frente a Jorge, cruzando las piernas en un intento de no exponer mi coño demasiado, pero Miguel me indicó con la mirada que no lo hiciese, así que las descrucé y separé un poco, el pobre Jorge no hacia más que evitar mirarme las tetas y el coño, una situación que a mi me gustaba cada vez más, evidentemente, mi excitación también tenía mucho que ver con el inicio de paja que me había hecho Luis mientras esperaba las copas, Miguel y yo cruzamos las miradas y rápidamente se dio cuenta de todo, además el brillo que el flujo daba al interior de mis muslos no dejaba dudas, así que, cuando Jorge dijo que iba a por una copa, me levante antes de que lo hiciese Él diciéndole que yo le traería lo que fuese a beber, intentó ir Él mismo, pero Miguel insistió en que fuese yo para que ellos pudiesen hablar un poco.

Me dirigí de nuevo a la barra, había aún más gente que antes y en los escasos metros que recorrí hasta ella me metieron mano y se restregaron a placer casi todos los tíos con los que me crucé. Vi que Luis estaba en el mismo sito que antes y volví a ponerme junto a Él, por su cara al verme cuando le saludé estoy segura que pensó que esa noche follaba conmigo o como poco se la chuparía. Se decepcionó mucho cuando le expliqué cual era la situación, aunque eso no le causó ningún problema para volver a meter su mano en mi coño, pero esta vez no se limitó a tocarme el clítoris sin más, también me penetró con al menos un par dedos haciendo que me costase bastante trabajo evitar correrme allí mismo. Mientras estuve con Él no dejó de preguntarme sobre mi relación con Miguel y cuáles eran nuestros gustos dentro del mundo liberal, intenté no darle demasiados detalles, pero tampoco le oculté que estaba sometida a Miguel, que le encantaba exhibirme y observar como follaba con otros hombres y que eso me gustaba tanto como a mi marido. Por fin, después de casi quince minutos me pusieron la copa, le dije a Luis que tenía que volver a mi mesa, pero que por desgracia no podía hacerlo con sus dedos en mi coño. Sonrió sacándoles lentamente, nos despedimos con dos besos y le pedí que dejase su teléfono al camarero para poder llamarle por si mi marido quería conocerle más adelante.

Jorge y Miguel estaban sentados uno al lado del otro dejando libre el asiento que había justo frente a ellos, le di su copa a Jorge y me senté dejando mis piernas un poco separadas. Miguel me preguntó si me había sucedido algo interesante pidiendo las copas, con Jorge allí presente dudé si contarlo todo, pero la mirada de Miguel me dejaba claro que no me callase nada, así que les narré lo sucedido las dos veces que estuve en la barra con todo lujo de detalles separando mis piernas completamente para que pudiesen ver lo mojada que estaba. Miguel disfrutaba escuchándome y Jorge parecía más tranquilo, pero seguía mostrando cierto pudor a fijarse demasiado en mi cuerpo desnudo, por mi parte estaba gozando exhibiéndome ante Jorge que, por el bulto que se marcaba en su pantalón, debía de tener una poya bastante grande y deseaba que Miguel me entregase a Él.

Mientras que yo narraba lo sucedido de la manera más excitante posible, me masturbaba ante sus ojos y Miguel no dejaba de hacer comentarios a Jorge sobre lo exhibicionista que era, lo mucho que me gustaba follar y lo bien que cumplía sus órdenes, Jorge apenas era capaz de responder salvo con un «aja» o un «buff», Miguel tampoco se cortaba a la hora de referirse a mi como «mi puta» o adjetivos parecidos. Llegué al final de mi historia deseando correrme, pero debía de contar con el permiso de Miguel para hacerlo. Escuché le explicaba a Jorge su prohibición de correrme sin su permiso y que normalmente me obligaba a controlar mi primer orgasmo durante una media hora o más, pero que dado lo especial de la situación decidiese Él si quería ver como me corría o que me quedase con las ganas más tiempo, por suerte dijo que me corriese y tuve un orgasmo brutal pensando en que lo estaba haciendo frente a mi jefe. Miguel esperó a que me recuperase un poco antes de ordenarme satisfacer sexualmente a Jorge, sin decir nada me acerqué a mi jefe sonriendo del modo más sensual que era capaz, acerqué mis tetas a su cara mientras cogía sus manos y se las ponía en mi culo, luego fui bajando para besarle en la boca metiéndole la lengua lo más profundo que era capaz, fue en ese momento cuando Jorge se soltó respondiendo a mi beso con pasión, acariciando mi cuerpo con sus manos a placer, mientras yo echaba mano a su paquete pudiendo confirmar que iba a disfrutar de una de las poyas más grandes hasta ese momento. Antes de follar me encanta chupar y saborear la poya que luego llenará mi coño, sobre todo cuando es tan hermosa como la de Jorge, así que me arrodillé entre sus piernas, desabroché su pantalón y comencé mi mamada.

Me metía la poya de Jorge hasta lo más profundo que era capaz, tanto que me impedía respirar e incluso me daba alguna arcada cuando la notaba en el fondo de mi garganta, algo que hasta entonces solo había hecho con Miguel, que también tenía un gran poya, aunque no tanto como la de Jorge, mientras lo hacía escuchaba a Miguel presumir de mi ante Jorge por lo buena y desinhibida que era sexualmente, destacando mi disposición a que me penetrasen por el culo y lo mucho que disfrutaba siendo tratada como una puta, pero cuando le dijo que siendo de plena confianza podría follarme sin condón y correrse donde quisiese casi me hizo correrme de nuevo.

Al sentir que Jorge estaba a punto de correrse aumenté la intensidad de mi mamada y Él puso sus manos en mi cabeza ordenándome tragar hasta la última gota «como es obligación de las zorras». La corrida fue copiosa y la primera que tragaba sin ser de mi marido, mantuve la poya de Jorge en mi boca succionando hasta la última gota de semen que fui capaz de sacarle dejando que fuese perdiendo la erección, lo mucho que tardó en hacerlo me dio esperanzas de que iba a disfrutar de esa poya y de su dueño bastante más tiempo. Cuando sentí que ya no estaba completamente dura, a pesar de lo cual seguía teniendo un tamaño considerable, me la saqué de la boca, besé cariñosamente el capullo y a Jorge, mirándole a los ojos con una sonrisa, le di las gracias ofreciéndome a complacerle en todo lo que desease durante el resto de la noche. Su cara había cambiado, se veía en ella que ya no estaba nada inseguro si no que se había hecho dueño de la situación, se dirigió a Miguel agradeciéndole su generosidad y felicitándole por «poseer una puta tan bien adiestrada y experta», siguieron hablando sobre mi como si no fuese más que un objeto sexual a su servicio e ignorándome como si yo no estuviese allí, salvo cuando fui a levantarme para volver a mi asiento que Jorge me ordenó mantenerme de rodillas mientras dijesen lo contrario. El cambio en Jorge me sorprendió un poco, pero viendo la complicidad que mostraba Miguel con mi jefe no le di mayor importancia.

Tras unos minutos de charla, Jorge le preguntó a Miguel si le apetecía otra copa ordenándome ir a por ellas. El local estaba algo más tranquilo, seguía con bastante gente, pero ya no se veía a los camareros desbordados como antes, le pedí las copas al mismo camarero que me había servido las veces anteriores, mientras esperaba se acercaron un par de chavales, más jóvenes que yo intentando ligar conmigo y metiéndome mano sin cortarse lo más mínimo, les dejé hacer mientras hablaba con ellos y les aclaraba que no se hiciesen ilusiones conmigo que ya estaba acompañada de mi marido y mi jefe. Cuando el camarero me puso las copas me dio también un papel con el teléfono de Luis, le di las gracias y volví a la mesa despidiéndome de los chavales con dos besos a cada uno. Tras darles las copas Jorge me ordenó hacerle una mamada a Miguel «como es obligación de una buena esposa tan puta como tu», antes de seguir usándome, por supuesto obedecí sin decir nada y me esmeré todo lo que pude en esa mamada. El resto de la noche fue espectacular, Jorge me folló tres veces más corriéndose todas las veces dentro,, una de ellas me folló el culo al tiempo que Miguel me follaba por el coño y tuve que limpiar sus poyas con mi lengua después de cada corrida antes de ir a por más copas, evidentemente, cada vez que iba a por las copas, alguien me metía mano a placer y creo que nunca me habían manoseado tantos desconocido ni de manera tan obscena en ninguna otra ocasión.

Cuando el lunes llegué a la oficina no tenía muy claro que podría pasar cuando me encontrase con Jorge, esperaba que no se equivocase y supiese separar lo que había pasado esa noche de nuestra relación laboral, pero su comportamiento fue el de siempre, no hizo ni una sola mención a lo sucedido la otra noche y me quedé bastante tranquila, aunque reconozco que cada vez que le miraba sentía que el coño me palpitaba recordando lo bien que me había follado. Al volver a casa le comenté a Miguel los temores que tenía sobre la conducta de Jorge en el trabajo tras haberme follado, mi marido me ​dijo que ya habían hablado sobre ese tema al principio de la noche, aclarándole también que no solía entregarme más una o dos veces a la misma persona, aunque me reconoció que había fantaseado con que Jorge pudiese disfrutar de mi sumisión en cualquier momento y con la misma entrega que tenía con Él, al escucharle noté como mi coño se humedecía de nuevo, pero disimulé argumentando que no sería bueno mezclar el trabajo con el placer, aunque no le podría pegas si me entregase a Jorge en más ocasiones. Semanas después Miguel me dijo que había estado hablando con Jorge de que le había encantado ver como me follaba, Jorge propuso repetir el encuentro el próximo sábado y en los siguientes meses se fue repitiendo hasta que un año después Miguel y Jorge me follaban todos los sábados, evidentemente, tanto Jorge como Miguel solían tratarme como su puta, cada vez de manera más humillante y denigrante haciendo mi sumisión más completa y placentera, incluso en algunas ocasiones me entregaban a algún desconocido para que me follase en su presencia.

Fue por esa época cuando Miguel, después de uno de esos sábados sometida por los dos, me preguntó si no estaba cansada de fingir en el trabajo que Jorge solo era mi jefe y la verdad es que tenía algo de razón, cada vez me resultaba más estúpido aparentar que no teníamos ninguna otra relación que la de jefe y empleada cuando en realidad Jorge se había convertido en mi segundo dueño todos los sábados, le respondí que si, que en muchas ocasiones me gustaría saludar a Jorge como mi amante y no como mi jefe cuando llegaba a la oficina, incluso en más de una ocasión me habría gustado follar con Él en su despacho, Miguel hacía tiempo que no solo no ponía reparos a que Jorge y yo follásemos a solas, es que había sido idea suya que lo hiciésemos, así que al lunes siguiente, Miguel invitó a Jorge a comer para saber su opinión al respecto, este se mostró de acuerdo, pero no terminaba de estar convencido sobre los límites si decidíamos mezclar los dos mundos, como al día siguiente tenía que ir a la central en Barcelona para la junta de delegados comerciales, estaría fuera tres o cuatro días y dijo que preferiría pensarlo durante esos días para poder tomar una decisión.

A su vuelta, el siguiente viernes, Jorge nos invitó a comer para hablar sobre nuestra relación, dijo que estaba encantado con ella, sentía una gran complicidad con Miguel, le consideraba uno de sus mejores amigos y le encantaba follar conmigo, en especial que me gustase tanto someterme y comportarme como una puta. Confesó que tenía una fantasía desde mucho antes de conocernos y que tras la anterior conversación con Miguel, por primera vez en toda su vida veía posible hacerla realidad.

Jorge – Antes de nada os aclaró que es algo muy extremo y afectará a nuestra vida social y familiar, pero si explico en que consiste, María no podrá decir nada al respecto y solamente Miguel, como dueño de María, podrá tomar una decisión. Si decides no aceptar, por mi parte todo seguirá como hasta ahora, tanto en lo laboral con María como en lo extra-laboral con los dos. ¿Queréis saber a que me refiero?

Nos miramos y dijimos que si.

Jorge – Bien, pero por favor Miguel, déjame hablar sin interrumpirme hasta el final.

  

Lo que te propongo es disponer de María a mi gusto, someterla y literalmente convertirla en puta, para ello tu y yo firmaremos un contrato en el que me alquilarás a María como puta a cambio de mil quinientos Euros mensuales más un treinta por ciento de los ingresos extras que me genere prostituyéndola. Podré prostituirla a clientes directos o negociar con proxenetas para que sean ellos quienes la prostituyan a cambio de una comisión, esto incluyen burdeles, agencias de escort o como moneda de cambio para cerrar acuerdos comerciales cuando y como yo desee.

 

Esto solo sería efectivo durante el horario laboral, que será de nueve de la mañana a cinco de la tarde de lunes a viernes, también podré disponer de Ella para un viaje de hasta tres días consecutivos al mes más una jornada de 36 horas consecutivas por semana, salvo la semana que hagamos el viaje. Los fines de semana los tendrá siempre libres, salvo tu previo consentimiento como horas extras o bien si el viaje mensual fuese necesario que terminase en sábado o comenzase en domingo. En el horario estipulado tendré pleno poder sobre María y solamente me obedecerá a mi.

 

En la oficina seguirá realizando el mismo trabajo que hasta ahora, pero se dirigirá a mi como Sr. Vidal y de usted, por supuesto yo podré dirigirme a Ella como considere oportuno por muy humillante o denigrante que le resulte.

 

Cuando esté en mi compañía, incluyendo sus desplazamientos al ir y volver de la oficina, se vestirá con la ropa más provocativa que pueda llevar sin ser detenida por escándalo público, prendas ajustadas, faldas lo más cortas posibles y blusas finas o transparentes, tendrá prohibido el uso de ropa interior así como pantalones, mallas, pantys o cualquier otra prenda que no deje su coño accesible, por supuesto siempre con zapato de tacón de aguja y bien maquillada.

 

Al llegar a la oficina se desnudará inmediatamente, a excepción de los zapatos, y permanecerá así hasta que termine su jornada laboral, incluso si alguien llamase tendrá que abrir la puerta desnuda y sin ocultarse.

 

Diariamente me hará una mamada nada más llegar a la oficina, una vez desnuda entrará a mi despacho para hacerlo, los días que yo no esté me la hará en cuanto me vea entrar por la puerta.

 

Podré decidir si María es tatuada, anillada o incluso marcada como una res, también tendré el derecho a modificar su aspecto físico con cortes de pelo o cirugía plástica si lo deseo.

 

Podré exhibirla, prestarla, alquilarla y compartirla con quien a mi me parezca dentro de los horarios estipulados, la exhibición podrá ser en privado, en público y también actuando en locales de striptease, peep-shows y de espectáculos porno, incluyendo la grabación de vídeos y fotografías de contenido sexual para su distribución comercial. En ese caso, el setenta y cinco por ciento de los ingresos por los derechos de imagen serán para ti y el veinticinco para mi.

  

La duración del contrato será indefinida, aunque tu o yo le podremos rescindir de manera unilateral en cualquier momento, pero siempre respetando los compromisos que María ya tenga adquiridos para los siguientes quince días a partir de esa rescisión y asumiendo que todo el material pornográfico protagonizado con María de protagonista será distribuido sin límite alguno en tiempo ni lugar por quienes tengan los derechos de comercialización.

 

Como verás no es algo para tomarse a la ligera y lo mejor será que lo pienses detenidamente, si tu quieres saber la opinión de María estás en tu derecho, pero a mi no me importa lo más mínimo, si aceptas, para mi María será un simple objeto sexual, en cuanto a nosotros me gustaría seguir con la misma amistad que tenemos, charlar, salir de copas, comer y cualquier cosa que nos apetezca, incluso irnos de putas, pero solos, con María me limitaría a lo reflejado en el contrato y raramente la usaríamos juntos.

 

Que Miguel aceptase algo así me parecía demasiado fuerte, básicamente estaría dejando que otro hombre convirtiese públicamente a su mujer en una puta, pero al mismo tiempo me resultaba increíblemente morboso y a Miguel, por la erección que le noté al tocarle la poya, también le excitaba tanto o más que a mi. El resto de la comida la pasé escuchando a Miguel y Jorge hablar sobre las implicaciones de poner en práctica algo así, lo hice sin decir ni una palabra salvo para responder a sus preguntas y de la manera más escueta y sumisa posible, inconscientemente mostraba mi disposición a dar ese paso por que, aunque esperaba que Miguel me preguntase que quería hacer, dejaría la decisión en sus manos sin poner oposición o condición alguna, hacía demasiado tiempo que mi mayor placer le encontraba en mi sumisión a Miguel, incluyendo las humillaciones y degradaciones constantes, que tomando mis propias decisiones. Ese fin de semana fue el primero en años que pasábamos en casa los dos solos y sin que nadie follase conmigo. Miguel estuvo todo el viernes y buena parte del sábado como ausente, seguramente pensando si debía entregarme a Jorge y si yo realmente quería que lo hiciese, por que en cuanto estuvimos solos, antes de que pudiese decir nada, le dije que yo le pertenecía y le obedecería en todo sin importar las consecuencias que provocasen mis actos. Finalmente, el sábado por la tarde dijo que debía responderle una sola pregunta antes de tomar una decisión, le dije que de acuerdo y me dijo:

Miguel – «¿Que te consideras realmente, una puta o una mujer liberal?»

 

María – «Una puta»



Mi respuesta se la di sin dudar y con toda la intención del mundo de que aceptase entregarme a Jorge, me miró diciéndome que el próximo lunes llamaría a Jorge para formalizar los detalles del contrato, lo harían sin que yo estuviese presente, puesto que le había dejado muy claro mi sumisión más absoluta, mi opinión no importaba lo más mínimo, una vez firmado ya sería informada de mis obligaciones y me ordenó que le chupase la poya, cosa que hice encantada e ilusionada con la nueva vida que me esperaba.

El resto del fin de semana Miguel me folló como hacía tiempo que no hacía sin dejar de repetir cosas como que por fin iba a rentabilizar el estar casado con una puta o que pronto todo el mundo sabría que en realidad era una puta y cosas similares. Reconozco que escuchar las palabras de Miguel, pensar en todo lo que Jorge me podía obligar a hacer y sentir la poya de Miguel más dura que nunca hizo que me corriese tantas veces que perdí la cuenta. Entre polvo y polvo tuve que sacar del armario y meter en una bolsa cualquier prenda de las prohibidas por Jorge, Miguel incluso descartó unas cuantas que podrían haber sido válidas, pero que le parecieron «demasiado decentes para una puta»

El lunes Miguel me hizo vestir con una minifalda muy ajustada y que apenas me tapaba el culo, una blusa negra casi transparente y con los zapatos de tacón, por supuesto sin bragas ni sujetador, además, como hacía ya buen tiempo me obligó a irme sin ninguna otra prenda, pero claro, a las ocho y media de la mañana hacía algo de fresco y según salí a la calle mis pezones se pusieron duros marcándose perfectamente en la fina blusa, intenté mostrarme lo más natural posible, pero notaba como todos los tíos me miraban, incluso alguno se aprovechó restregando su paquete en mi culo.

Llegué a la oficina a las nueve menos cinco, me desnudé como Jorge, perdón, el Sr. Vidal había ordenado, me dirigí a su despacho, le di los buenos días y me arrodillé para hacerle la mamada pertinente hasta que se corrió en mi boca. Me tragué hasta la última gota y le lamí la poya dejándosela perfectamente limpia. Le pregunté si deseaba algo más y le comuniqué que Miguel deseaba comer con Él para comentar un par de detalles sobre el contrato de mi entrega. Yo misma tuve que reservar la mesa y avisar a Miguel de donde comería con el Sr. Vidal. El resto de la mañana transcurrió como otra mañana cualquiera salvo por estar desnuda y el par de veces que el Sr. Vidal me hizo ir a su despacho para meterme mano y humillarme con mi futuro como puta. La hora de la comida se me hizo eterna pensando en que estarían hablando y cuando a las cuatro y media llamaron a la puerta dudé que hacer, volvieron a llamar y entonces fui rápidamente a abrir como tenía ordenado, desnuda. Por suerte era el Sr. Vidal acompañado de Miguel que venían a firmar el contrato y comunicarme cuales serían mis obligaciones finalmente. Pasaron al despacho del Sr. Vidal, estuvieron charlando un rato, no pude escuchar de que, pero si escuché sus risas en varias ocasiones antes de que me llamasen de nuevo.

Miguel me dio el contrato ya firmado por los dos para que lo leyese, básicamente era lo dicho por el Sr. Vidal el viernes pasado, tan solo había un par de cláusulas que especificaban los inicios de ciertas actividades como mi exhibición pública y en locales de espectáculos eróticos, la cual no empezaría antes de tres meses, tampoco sería prostituida antes de seis y pasaría un año antes de distribuir comercialmente ninguna imagen o grabación protagonizada por mi. En cuanto a los cambios físicos, siempre tendrían que ser aprobados previamente por Miguel. Afirmé entender todo, agradecí a Miguel su confianza en mi y al Sr. Vidal su generosidad por la oferta realizada a mi marido, entonces me ordenó ponerme delante de su mesa, quedando completamente frente a Él, inclinarme hacia delante hasta dejar mi tronco apoyado en ella y abrir las piernas para que Miguel me follase el culo, mientras sentía a mi marido sodomizarme con más dureza que nunca, incluyendo fuertes azotes en mis nalgas que terminaron por dolerme de verdad, tuve que permanecer completamente quieta y mirando a los ojos del Sr. Vidal mientras este me detallaba la multitud de humillaciones y degradaciones, muy superiores a las vividas hasta ahora, a las que podría ser sometida a partir de ese momento como la posibilidad de ser usada como urinario en fiestas y orgías.

Por fin sentí que Miguel se corría en mi culo, yo estaba deseando poder hacerlo también y le pedí permiso al Sr. Vidal para hacerlo. Me lo dio, pero sin moverme de como estaba y dejando en manos de Miguel como hacerme correr, si es que le apetecía hacerlo. El muy cabrón me hizo sufrir comentando con el Sr. Vidal si me había ganado ese premio por haber sido un buena puta o sería mejor mantenerme así hasta dentro de varios días. A mi marido siempre le había gustado obligarme a retener mis orgasmos, pero nunca durante más de un par de horas, el solo pensamiento de que me dejase así me volvía loca. Entre los dos me hicieron suplicarles ese orgasmo, hasta que Miguel, tras casi una hora masturbándome el coño de manera intermitente y loca por correrme, terminó por provocarme un orgasmo tan fuerte que me desmayé.

Cuando recuperé la consciencia estaba sola, todas las luces apagadas a excepción de la lámpara de la mesa y un sobre justo frente a mi cara que ponía «Para la Puta». Le abrí y leí la nota de Miguel en la que me decía que me fuese para casa, Él llegaría más tarde por que se iba a cenar con el Sr. Vidal para celebrar la firma del contrato. También me indicaba que cumpliría las normas de vestuario impuestas por el Sr. Vidal a todas horas y esa noche me informaría de alguna que otra norma.

Desde entonces ya ha pasado más de un año, a diario sigo disfrutando del sexo plenamente con Miguel, menos cuando estoy de viaje con el Sr. Vidal o me toca la jornada de 36 horas. Seguimos yendo a los locales liberales ocasionalmente, pero Miguel ahora busca los tíos más viejos y feos que puede, según Él por que así seré más consciente de que no soy más que una esclava sexual, en nuestra casa ya me han visto desnuda casi todos los vecinos ya que tengo la obligación de bajar la basura a diario completamente desnuda, incluso me ha prostituido con algún vecino de manera ocasional. Con el Sr. Vidal mantiene el contrato tal cual le firmaron, en los últimos meses Miguel aprobó las propuestas del Sr. Vidal para que me anillasen los pezones y el coño y me tatuasen en el pubis la frase «SOY ESCLAVA Y PUTA». Actualmente hago al menos tres servicios como puta a la semana para el Sr. Vidal directamente, además de ser prostituida durante una noche cada quince días en un burdel y la semana que no voy al burdel realizo algún espectáculo erótico o porno en diversos locales. He protagonizado varias películas porno, las cuales, junto con mis fotos desnuda, masturbándome y follando ya están por todo Internet y los viajes de tres días que hago mensualmente casi siempre son para rodar nuevas películas porno y ser prostituida en locales de otras ciudades europeas.

A día de hoy, toda mi vida se centra en ser una esclava sexual y no deseo vivir de otra, además, hace tiempo que mi excitación es permanente y por mucho que me corra siempre deseo más, por ese motivo, tanto el Sr. Vidal como Miguel, me dieron permiso hace meses para masturbarme y correrme siempre que quiera, cosa que hago varias veces al día sin importarme donde esté o quien me pueda ver, pero a pesar de lo que mucha gente pueda pensar Miguel y yo somos felices y no queremos que cambie nada de nuestra vida.

otrocualquiera

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